Pinturas Baños

El milagro de la salvación de los mineros / Las rogativas por la lluvia (1971) Francisco Baños

Este mural es el tercero que realiza el pintor en el santuario. En la parte izquierda de la bóveda de cañón está representado el milagro de los mineros sepultados en la mina "El Madroñal", y que a los cuatro días fueron localizados y salvados. Baños divide la escena en tres subtemas. En el primero, dado en el interior de la mina, un padre y sus dos hijos quedan encerrados por un derrumbamiento. Dos de ellos luchan por liberar al otro del desplome. El pintor resuelve la subescena al modo de grisalla, en clara referencia al espacio mal iluminado y sombrío de lo profundo de la galería, y también con el propósito de realzar lo dramático del tema. El segundo de los sub-temas muestra a un grupo de mineros en el exterior de la mina. Uno de ellos muestra al resto la boca de entrada a la mina, como símbolo del anuncio de la mala nueva del desplome y encierro de sus compañeros, y también de la invitación a sumarse a su rescate. El tercero de los sub-temas muestra a un grupo de mujeres, madres y esposas de los mineros, que rezan ante la imagen de la Virgen, implorando por la salvación de los mineros. Aquí es donde Baños depliega la mayor intensidad cromática de toda la escena.

En el centro de la parte inferior, como nexo de unión entre los tres sub-temas, se observa la lámpara de aceite que ilumina a los tres mineros, único resquicio de apertura en el espacio cerrado y claustrofóbico de la galería. La referencia a la pequeña imagen de la Virgen situada encima de la lámpara, por la cual los mineros se encomiendan al Virgen, parece trasladarse simbólicamente a las otras dos subescenas. En la parte derecha de la bóveda podemos ver la procesión de rogativas a causa de la sequía. En numerosas ocasiones se sacó la imagen de la Virgen en procesión, existiendo constancia de ello ya en 1812 y 1824. En el año 1932 se invocó a la Stma. Virgen de Linarejos sacándola en procesión de rogativas y lográndose salvar las cosechas. Llovió tan copiosamente, que tuvieron que cubrir la imagen de la Virgen bajo palio. En la representación de Baños la procesión discurre por un árido y agostado paisaje, ante la expectación y el fervor del pueblo linarense. La composición muestra tanto el grupo procesional como los otros tres con una gran unidad y cohesión. En el centro de la bóveda un conjunto de ángeles etéreos unen la composición muy luminosa y de gran dinamismo.

El sueño del pastor Juan Ximénez / El hallazgo de la imagen de la Virgen (1979) Francisco Baños

Con la pintura de esta bóveda acaba el ciclo de los cuatro murales que Baños realizó en el santuario de la Virgen de Linarejos. El tema hace referencia a la aparición de la imagen de la Virgen en un lugar llamado la Fuente de Linarejos, después de la reconquista a principios del siglo XIII. Los cristianos de la aldea trasladaron la imagen a la iglesia parroquial, pero al día siguiente, la Virgen volvió a aparecer entre los lentiscos. Se acordó, entonces, construir una pequeña ermita en dicho lugar. Baños estructura la composición en dos escenas principales: la primera de ellas el sueño del pastor Juan Ximénez y la segunda el hallazgo de la imagen de la Virgen, y una tercera con un coro de ángeles a modo de unión entre las dos primeras. El sueño del pastor Juan Ximénez presenta tres motivos diferenciados, y con niveles de profundidad espacial distintos.

El primero muestra al pastor descansando bajo un lentisco acompañado por su perro. El segundo conforma a un sólido agrupamiento de peñas sobre las que sitúa un ángel arrodillado que parece señalar al pastor la localización de la imagen de la Virgen. El tercer motivo, la aldea de Linares en la lejanía. En la escena siguiente, situada a la derecha de la bóveda, Baños plantea el descubrimiento de la imagen de la Virgen. En contraste con lo íntimo y lo sosegado de la escena del sueño, en ésta el pintor despliega una profusión de figuras en actitud de gran expectación y alegría. Aquí se observa al pastor, acompañado por un religioso, apartando un lentisco para mostar a todos los concurrentes la imagen antes oculta de la Virgen. Y sobre ellos, tres ángeles acompañan a todos los presentes. Al comparar este mural con los tres pintados previamente por el pintor en este santuario, se puede observar perfectamente la evolución estilística del muralismo de Baños.

Mural de la Vida de san Francisco de Asís (1958) Francisco Baños

Este mural, fechado en el año 1958, es el primero del ciclo que Francisco Baños pintó por encargo de la Cofradía. En él se narra la vida de san Francisco de Asís, patrón de la Orden de los Franciscanos. La narración discurre en el plano desde abajo hacia arriba y de izquierda a derecha. En la parte inferior, correspondiente al plano terrenal, san Francisco es despojado de sus bienes materiales y acogido por el obispo, como símbolo de la Iglesia. En la escena de la derecha, que representa el momento de la fundación de la orden, el santo, con los brazos abiertos, acoge a sus frailes y a santa Clara, fundadora de las Clarisas.

En la parte superior izquierda, ya en el plano espiritual, el santo ora ante Cristo y la Virgen María. A su derecha, la escena de la estigmatización de san Francisco, motivo clave del mural. En la parte central dos ángeles conforman con sus alas un triángulo de luz, Luz Sagrada, que estructura toda la composición. Por último, en la parte superior semicircular, correspondiente al plano celestial, un conjunto de ángeles elevan el cuerpo de san Francisco, contrastando el dinamismo de los ángeles con la figura exhausta del santo. Sobre la vidriera, las manos del Padre acogen a san Francisco en su seno.

Mural de la Vida de san José (1961) Francisco Baños

Es el segundo mural que Francisco Baños realizó en el santuario. Está fechado en 1961. En él narra la vida de san José y de la Sagrada Familia. La narración sigue el orden de izquierda a derecha y de abajo a arriba. En la parte inferior izquierda, los desposorios de la Virgen María y san José. El sacerdote, en el centro, oficia la ceremonia en presencia de los testigos que les acompañan. Como un motivo clave de la escena, las manos de san José crean un refugio para las de la Virgen. Sobre la ceremonia de los desposorios dos grupos de integrantes de la iglesia (masculino y femenino) y un ángel, que parecen señalar el papel futuro de san José como protector y padre terrenal del Jesús niño y adolescente.

En la parte inferior derecha está representada la huída a Egipto. San José se interpone firmemente entre la zarza amenazante y su Familia, a la que guía. Mientras, María protege con su manto al Niño entre sus brazos. Dos ángeles situados sobre las figuras de la Sagrada Familia la custodian. En el centro de la composición un san José joven con los atributos de carpintero acoge con su brazo a un Jesús adolescente. Aquí el madero que sujeta el santo se observa como una premonición del sacrificio en la Cruz. En la parte superior, ocupando el espacio del arco de medio punto, un ángel muestra el símbolo de la Iglesia a san José, en alusión a su carácter de Patrón de ésta. A la derecha del arco está representada la Iglesia con sus santos y la jerarquía eclesiástica.

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